La noche en el club estaba en su punto más alto. Las luces parpadeaban en destellos dorados y rojizos, reflejándose en las copas de cristal que sostenían los clientes más selectos.
La música retumbaba en las paredes, y el aroma a licor caro y perfume intenso flotaba en el aire. En una oficina privada, situada en la planta superior, Dante y Alonzo discutían los detalles de su próxima entrega de oro blanco, sin contar el golpe que le darían a uno de los miembros del clan, uno de los que estuvo d