La noche se extendía como un manto espeso sobre las afueras de Bolonia. La mansión, una construcción de piedra olvidada por el tiempo, se iluminaba esta vez con luces doradas y tenues, como si intentara maquillar la oscuridad que albergaba.
Era el lugar perfecto para camuflar las verdaderas intenciones de las personas que ingresaban allí, intenciones oscuras y crueles... que helaban la sangre de cualquiera.
Autos de lujo comenzaron a llegar uno por uno, cruzando el portón con vigilancia armad