Dante subió las escaleras lentamente, sintiendo el peso del cansancio acumulado y el dolor latente en su pierna herida. Aunque la tortura al traidor le había proporcionado una descarga momentánea de furia, su mente seguía inquieta. Antonio estaba yendo demasiado lejos, y si no lo detenía pronto, todo se saldría de control.
Cuando llegó a la biblioteca, la puerta estaba entreabierta. Alonzo ya lo esperaba adentro, de pie junto a una de las estanterías. La luz tenue iluminaba su expresión seria m