Esa noche, la mansión volvió a respirar. Aurora decidió celebrar con una cena pequeña. Invitó a Alonzo a Bianca, y por supuesto a Guiseppe.
Alonzo se encargó de revisar el menú, la seguridad, y vigilar cada rostro nuevo que se movía entre las cocinas y los jardines. Uno en particular llamó su atención: un jardinero de rostro anguloso y manos demasiado limpias.
—¿Quién contrató a ese hombre? —le preguntó a Pablo, uno de los hombres de confianza de Dante.
—Llegó hace dos semanas. Recomendado por