La tarde caía sobre la mansión de Dante en Sicilia con una calma casi antinatural. El cielo estaba teñido de un naranja profundo, como si la misma ciudad presintiera el engaño que se avecinaba, Vittorio había vuelto a la ciudad con la firme intención de acabar con el hombre que le había arrebatado absolutamente todo.
Mientras dentro, la casa olía a cera, madera fina y perfume floral: Aurora había estado organizando los últimos detalles para una cena privada. Dante, sereno en apariencia, pero s