Antonio se quedó un instante de pie, observando cómo los demás se dispersaban. No había dicho una palabra más desde la declaración de Francesco, ordenando que matará a los dos hombres que acaban de abandonar la reunión. Pero por dentro, hervía.
No aceptaba ese cambio. No aceptaba que Vittorio, un recién llegado, se quedará con lo que él tanto había luchado, y por supuesto que no lo iba a dejar. Pero por ahora solo cumpliría las órdenes que le acaba de dar Francesco.
Mientras bajaba por las esca