Aurora alzó el rostro, todavía temblando por lo que acababa de oír. Los ojos de Dante estaban clavados en los suyos, llenos de una desesperación contenida que no era habitual en él.
Había confesado todo, lo que lo llevó a buscarla, lo que lo empujó a acercarse… incluso lo que había cambiado dentro de él cuando ya no pudo verla como una venganza, sino como una herida que no quería dejar de sentir.
—Te creo, Dante —susurró Aurora, su voz apenas un suspiro, pero suficiente para quebrar el silenci