Dante frenó en seco al ver que Antonio se aproximaba, miró hacia todos lados y vio una calle vacía, la misma que daba a la autopista, ahí era la única manera de perderlo y de paso darle una cuchara de su propia medicina.
—Alonzo, el maldito de Antonio cada vez me está más cerca, ¿Dónde diablos estás? —vociferó Dante.
—Tranquilo hermano, estoy justo detrás tuyo, baja y cambiamos de auto —hablo Alonzo, afortunadamente Antonio venía demasiado lejos que ni siquiera se había percatado de que Dante b