El sonido de la sirena de la ambulancia resonaba en el aire mientras los hombres de Dante corrían por los pasillos con rapidez. El cuerpo herido de Alonzo yacía sobre la camilla improvisada, su rostro desprovisto de color, pero aún con vida gracias a las manos decididas de Aurora.
Ella no se apartaba de su lado, sus manos presionaban contra las gasas que había colocado con urgencia, y su mirada no se despegaba de él ni un solo segundo.
Bianca corría junto a ellos, sin importarle el caos a su a