Aurora no supo exactamente cuántas veces dio vueltas la camioneta. Tal vez tres, tal vez más. Todo había sido tan rápido, tan brutal. El impacto la sacudió desde los huesos hasta el alma.
Cuando por fin la violencia del movimiento cesó, el silencio fue lo primero que notó. Un silencio espeso y agobiante, solo roto por el crujido metálico de una puerta descolgada, moviéndose con el viento.
Su cuerpo dolía. Cada centímetro de su piel parecía haber sido golpeado. Intentó moverse, pero fue como si