Dante apretó los dientes mientras aceleraba. El rugido de la moto cortaba el aire con furia. Su mente solo repetía una cosa: No pueden llevársela. No a ella. Las imágenes de Aurora luchando, su rostro deformado por el miedo, el grito que aún le ardía en el pecho, eran como cuchillas que lo impulsaban más rápido.
La camioneta negra tomaba ventaja, pero Dante conocía el terreno. Sabía que si cortaba por la vieja vereda podía interceptarla antes de que llegara a la salida principal de la ciudad. G