Aurora bajó la mirada tras el beso. El aire seguía impregnado de esa electricidad que sólo nace cuando lo prohibido se roza con los labios.
El ambiente se sentía con un aura desconocido.
—Alonzo… —murmuró ella, sin levantar la vista—. Es mejor que te retires. Te pido por favor que te retires.
El silencio que siguió a sus palabras fue denso. Alonzo se quedó inmóvil unos segundos, como si no hubiera entendido. Pero finalmente asintió. En sus ojos no había enojo, solo un dolor resignado.
—Tienes