Aurora despertó con la calidez del sol colándose entre las cortinas de la habitación.
La sábana blanca apenas cubría su cuerpo, y el aire era fresco, suave, casi como una caricia. Abrió lentamente los ojos, parpadeando mientras sus pupilas se acostumbraban a la luz.
Por un instante, no supo en dónde estaba. Pero entonces lo recordó, la noche anterior, el pecho de Dante, sus labios, la forma en que él le acariciaba las mejillas con ternura, su voz grave susurrando…
"Hola, bonita. Solo sigue du