La noche había caído, y con ellos varios enemigos de Dante también lo habían hecho, Dante se había encargado personalmente de darle su lección a gran parte de los que alguna vez fueron sus hombres.
Estaba decidido acabar con Antonio, pasos por paso hasta hacer que le pidiera perdón de rodillas.
Dante abrió la puerta de la habitación donde Aurora dormía, se acercó lentamente, se sentó sobre el borde de la cama y miró con detenidamente a Aurora.
«Quien diría que mi primo había fijado los ojos en