El pecho de Aurora subía y bajaba con gran velocidad, sus piernas dolían, al igual que sus pies al no llevar zapatos para no ser escuchada y así poder escapar.
Los ojos de Aurora se abrieron de par en par, su corazón se detuvo al ver cómo dos enormes hombres estaban justo detrás de ella.
—¡Señorita Aurora!, es mejor que vuelva de nuevo a la casa —dijo uno de ellos.
—No, ni loca así me maten no pienso volver —vociferó ella firmemente, su pecho latía con mucha más fuerza, no estaba dispuesta a vo