El sol apenas lograba filtrarse entre las nubes de ceniza cuando Vittorio descendió del vehículo. El ambiente era espeso, con un olor penetrante a carne quemada, madera podrida y pólvora.
La antigua mansión de Antonio se alzaba frente a él como un monumento al desastre, paredes ennegrecidas, techos derrumbados, esculturas partidas por la mitad.
—Esto es un cementerio —murmuró uno de los hombres a su lado, mientras cubría su rostro con una mascarilla.
Vittorio avanzó sin inmutarse. Su abrigo o