Los disparos aumentan y yo solo puedo ver como todos sonríen complacidos como si la locura de un padre perdiendo a su hijo fuera tan estimulante. Es por ello, que entro en pánico e intento salir de este caos antes que su maldad me controle.
Sin embargo, Maximiliano parece más concentrado en mí que en el enfrentamiento, porque cuando doy dos pasos para correr lejos, una mano me agarra con fuerza mientras todos los demás continúan con el enfrentamiento.
— ¿A dónde vas?
— Déjame ir, este no es mi