66. Al Borde del Abismo
El eco de los pasos de las enfermeras empujando la camilla de Isabela aún resonaba cuando las puertas del ascensor se cerraron con un golpe seco y definitivo. El murmullo de los pacientes y familiares se fue apagando poco a poco, como si las paredes del hospital hubieran tragado la curiosidad morbosa que había llenado el pasillo segundos atrás.
El aire volvió a circular, pero no con alivio. Era un aire espeso, cargado de resentimiento acumulado, dudas sin resolver y esa electricidad invisible qu