65. Fuego Bajo la Piel
El sonido del teléfono repicando en recepción me atravesaba los nervios. Cada timbre era un recordatorio cruel de que la realidad no pensaba darme tregua. Yo lo sabía. Isabela también. Por eso, detrás de esa mueca de dolor fingido que había aprendido a ensayar con precisión, escondía la sonrisa invisible de quien cree tener la victoria asegurada.
El pasillo entero parecía inclinarse hacia ella. Los pacientes en espera, que hasta hace un momento bostezaban aburridos o hojeaban revistas, la observ