57. Jugadas en la Sombra
Mantuve la barbilla alta, los hombros rectos, la máscara intacta.
Solo cuando crucé las puertas giratorias de Constructora Undurraga y el aire de media tarde de Madrid me golpeó el rostro, permití que algo se aflojara en mi pecho.
El ruido del tráfico, los claxon impacientes y el murmullo de la gente parecieron un eco lejano, amortiguado por el zumbido en mis oídos. Aunque las luces de la ciudad brillaban con su intensidad habitual, para mí todo se había teñido de un gris opaco.
El enfrentamient