32. Entre Sábanas
El vapor del baño aún flotaba en el aire, espeso y sofocante, pegándose a mi piel como una segunda capa imposible de arrancar. El olor húmedo de las toallas mojadas se mezclaba con el perfume que había quedado impregnado en mi cuello. Ese perfume no era mío, era suyo. Y me dolía reconocerlo.
Mis labios ardían todavía por el beso que no debí permitir, y mis manos temblaban bajo el recuerdo reciente de sus caricias. Todo mi cuerpo me delataba, gritando lo que mi mente intentaba negar.
—Esto no deb