155. La Vida y la Muerte
MAX
El llanto es lo primero que rompe la tensión del quirófano. No es un llanto fuerte, es un maullido agudo, pequeño, pero para mí suena como la novena sinfonía.
—Es una niña sana—anuncia la doctora, levantando un bulto diminuto cubierto de vernix y sangre—. Bienvenida al mundo, pequeña luchadora.
Miro a Lorena. Está pálida, con los ojos vidriosos por la medicación y el agotamiento. Apenas puede levantar la cabeza. —¿Llora? —susurra.
—Llora, mi amor. Está viva. Está aquí. —Le beso la frente, qu