150. El Adiós Digital
CAMILA
Llego a mi apartamento en el Eixample y siento que las llaves pesan un kilo en mi mano. Cierro la puerta y el silencio de Barcelona me recibe, muy distinto al silencio cargado que imaginé en Madrid tras hablar con Lorena.
Todo el día he sido un zombi en el estudio. Mis compañeros me hablaban de cotas y materiales, y yo solo escuchaba la voz de Lorena en bucle: "Es solo trabajo... está encerrado... ya lo conoces".
Me quito los zapatos de tacón y los dejo tirados en el pasillo. Camino desca