Lunes.
Camila llegó al colegio a las dos menos diez. Veinte minutos antes de la hora. Fue la primera en la puerta. Luego llegó una madre con un cochecito. Luego un padre con auriculares. Luego tres madres más que se conocían y hablaron de algo que Camila no escuchó.
Se quedó un poco apartada.
No por incomodidad sino porque no sabía todavía cuál era su sitio en ese grupo y no quería inventarlo antes de tiempo.
El timbre sonó a las dos en punto.
La riada de niños.
Camila buscó dos caras entre tre