El apartamento tenía luz de tarde cuando llegaron.
Camila había pasado el fin de semana preparándolo. No el apartamento entero. Solo la habitación que había designado para los niños. Una cama doble con sábanas azules, una mesita de madera, un espacio libre en el suelo para cuadernos y juguetes. Una estantería con tres libros que había elegido sin saber muy bien si eran los correctos.
No era perfecto.
Era honesto.
Sofía entró primero.
Cruzó el umbral y se quedó parada un segundo, lo justo para r