El mensaje llega a las nueve y cuarenta y dos de la noche.
Camila está en el estudio con el informe del consorcio todavía abierto aunque los ojos llevan diez minutos sin leer nada. El texto de Diego aparece en la pantalla del teléfono con la brevedad de alguien que no está seguro de que el momento sea correcto pero ha decidido que esperar no lo hace más correcto.
Diego: ¿Puedo pasar?
Camila mira el mensaje.
Los niños llevan en cama desde las ocho y media. El apartamento tiene el silencio de las