La pregunta de Sofía llega un domingo por la tarde.
No hay señal previa. No hay la construcción que a veces hacen los niños cuando van a decir algo importante: el silencio antes, la manera de acercarse, el giro de la cabeza que anuncia que viene algo. La pregunta de Sofía llega en medio de una tarde ordinaria, mientras Camila pela naranjas en la cocina y Sofía come tostada en la barra y Leo dibuja en la silla del salón con el cuaderno sobre las rodillas.
—Mamá.
—Dime.
—¿Tú y papá vais a casaros