La sala del juzgado olía a papel y a clima artificial.
Era el tipo de olor que no tiene edad. Podía ser el mismo desde hace treinta años y nadie lo sabría. Una mezcla de expedientes archivados, tinta de impresora y el frío regulado de una máquina que mantiene la temperatura constante porque las instituciones no deben sudar.
Camila llegó con Julián a las doce menos cuarto.
La mesa larga. Las sillas de madera. Las dos jarras de agua en el centro que nadie iba a tocar.
Los abogados de Diego ya est