Me desperté desorientada, con un dolor punzante que se extendía por cada fibra de mi cuerpo. La luz del cuarto era suave, pero aún así me lastimaba los ojos, y me costó un momento darme cuenta de dónde estaba. Al moverme ligeramente, un dolor agudo en el costado me hizo soltar un quejido.
—Señora Del Valle, ¿puede escucharme? —La voz calmada de una doctora interrumpió mis pensamientos. Su figura se materializó a mi lado, vestida con su bata blanca y una expresión seria pero compasiva.
—¿Yo...