Desperté lentamente, sintiendo una calma que no había experimentado en meses. El agotamiento del parto todavía pesaba sobre mi cuerpo, pero una sensación de alivio lo cubría todo. Mis ojos se abrieron despacio, y lo primero que vi fueron a mis dos pequeñas princesas, cada una en su cuna, durmiendo plácidamente. Sus cabecitas doradas brillaban bajo la luz suave, y aunque sus ojos estaban cerrados, recordaba la intensidad de sus miradas cuando las vi por primera vez. Sonreí al verlas, eran perfec