Me subí al coche, temblando por dentro, mientras Lucian se acomodaba en el asiento del pasajero, el arma siempre apuntada hacia mí. El volante se sentía helado entre mis manos sudorosas, y el sonido de mi respiración entrecortada llenaba el silencio incómodo dentro del coche. El corazón me latía tan fuerte que parecía que Lucian podría oírlo.
—No entiendo por qué haces esto... —le dije con la voz apenas controlada, tratando de mantener la calma. Sentía una mezcla de miedo y confusión que no lo