Ruby lo miró con miedo, sus ojos reflejaban una mezcla de angustia y desespero.
—¡No hice nada, Alfa Kaen! —exclamó, pero su voz temblaba, traicionando su intento de parecer convincente.
—¡No me mientas! —respondió Kaen, su tono era una mezcla de furia y decepción—. Ayer, fuiste capaz de tenderme una trampa para molestar a Isabella, ¿verdad?
Ruby sintió cómo las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos, y con un sollozo ahogado, dejó escapar su dolor.
—¡Dijiste que me amarías a mí, pero no lo hi