Claire tocó su vientre con una suavidad casi reverente, sintiendo el latido de una vida en su interior.
Pero, era un gesto falso de una víctima para salvarse de la situación, Isabella puso saberlo, Claire lloró más fuerte y las lágrimas comenzaron a fluir por su rostro.
—¡No soy una loba perdida! —gritó, su voz resonando con una mezcla de dolor y rabia—. Eres tan cruel, Isabella. Kaen y yo nos amamos. ¡Tú eres cruel, Isabella! Intentaste matar a una loba desamparada y embarazada. ¿Cómo te atreve