—¡Isabella!
Kaen corrió hacia ella, su corazón latiendo con una intensidad que parecía resonar en todo su ser.
Cada paso que daba era un eco de su desesperación, un grito silencioso que imploraba por una respuesta, por una mirada, por un gesto que indicara que todo lo que había pasado no era más que un mal sueño.
Sin embargo, Isabella, con la mirada fija en el horizonte, pasó de largo, como si él no existiera.
La angustia se apoderó de él, y, en un impulso casi instintivo, la tomó del brazo.
Nec