Apenas la anciana fue llevada junto con los cachorros, un estremecedor aullido rompió el silencio del bosque.
Los lobos de la Manada Luna Blanca, al sentir la pérdida, alzaron sus hocicos hacia el cielo gris y lanzaron un lamento que resonó entre los montes, desgarrador y desesperado.
Era un llamado de auxilio, un grito que pedía justicia.
A kilómetros de distancia, el Alfa Hiran lo escuchó. Aquel sonido no fue solo un eco en el aire: atravesó su pecho como una daga.
Sintió cómo su alma Alfa se