—¡Dante escapó con los traidores de Iktar! —la voz del vigía vino recortada entre la maleza, corta, como un pedazo de hielo en la garganta—. ¡Está peleando a favor de ellos!
El mundo pareció detenerse. Isabella y Kaen se miraron y en esos ojos se leyó la misma noticia: traición.
La palabra reverberó hasta los huesos de la Luna.
Para Isabella fue un corte en seco; el aire le faltó y la noche se llenó de una sombra que la empujó hacia dentro.
El nombre de Dante cayó como una sentencia: el traidor