—¡Isabella! —gritó Kaen, su voz resonando con desesperación mientras la veía en manos de Dante, al borde de caer al abismo.
Un rugido gutural salió de su pecho, y sintió cómo el terror se apoderaba de él.
Quería correr hacia ella, pero cuando lo hizo, Dante lo detuvo.
El instinto lo empujaba a actuar, a protegerla a toda costa.
Isabella temblaba, su cuerpo vibrando con el miedo que la envolvía. Su mirada se encontraba perdida entre la desesperación y la esperanza, mientras un profundo pánico la