Kaen ordenó que llevaran el cuerpo de Ruby a la mansión, su mente nublada por el dolor y la rabia.
El aire estaba cargado de una tensión palpable, como si el mismo cielo supiera lo que había sucedido y se preparara para llorar.
Mientras los hombres cumplían su orden, él se sumió en sus pensamientos, recordando cada momento compartido con Ruby, cada risa, cada confidencia. Su pérdida era un golpe devastador, un vacío que amenazaba con consumirlo por completo.
Al llegar a la mansión, Kaen entró ca