Isabella estaba en ese calabozo oscuro, asustada y sin saber qué hacer.
Las paredes de piedra fría parecían cerrarse a su alrededor, y cada susurro del viento exterior se sentía como un recordatorio de su aislamiento.
Nunca pensó que su vida terminaría así, atrapada en un lugar donde la luz apenas podía entrar, donde el aire estaba impregnado de un olor a humedad y desesperación.
La realidad de su situación la golpeaba con cada latido de su corazón.
¿Cómo había llegado a esto? ¿Cómo había sido