.76.

Robert imitó la acción de su amigo y se puso de pie. Era momento de marcharse y seguir trabajando, algo que hacía mucha falta, porque quedarse ahí solo daría pie a más ideas intrusivas.

—Bueno, ya que te veo mejor, me voy. Tengo trabajo; esta empresa no se mantendrá a flote sola. —El castaño se disculpó, y ambos asintieron de acuerdo.

Fernando seguía pensativo. No podía simplemente dejarlo pasar y eso era lo peor. Con todo el embrollo del lavado de dinero, el trabajo había aumentado considerabl
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