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En un rápido y certero movimiento, el azabache la giró sobre la cama, quedando ella arriba de él. Su cuerpo liviano y menudo le daba la libertad de manejarla de mejor forma. El acto fue tan sorpresivo que Sofía soltó un pequeño gritito. La miró desde abajo y sonrió cuando ella supo qué tenía que hacer ahora…
Ahora era su turno para hacer lo que quisiera con él, le daría la oportunidad de montarlo a su gusto y a su propio ritmo. Fernando acarició su cintura con un poco de fuerza hasta pasar sus