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Fernando observó cómo se removía sobre la cama tratando de no cerrar sus piernas. Era un impulso fisiológico que estaba tratando de reprimir; estaba luchando contra sus impulsos, y le encantaba hasta qué grado podía llevarla al límite. Así que la azabache siguió jalando un poco más fuerte del cabello de Fernando, mientras rasguñaba sus hombros de una forma casi desesperada.
A él no le importó, ni siquiera podía sentir el dolor de tan excitado que estaba. Solo quería que su novia gozara. Simplem