.47.
—Oye, escucha... —Fernando quiso explicarle, pero en ese momento el corazón de Sofía se quebró en mil pedazos. No lo estaba negando, lo que significaba algo claro: toda esperanza murió con su silencio. Su rostro se deformó de dolor. Hubiera preferido, al menos, que lo negara. No, estaba bien; era mejor la verdad.
—Entonces lo hiciste. Me compraste como si fuera un objeto... —Sofía exclamó, desprendiéndose del contacto. No quería estar cerca de él. Se alejó lo más que pudo de su cuerpo; no querí