.42.
Eso sí que era una sorpresa. Una muy agradable sorpresa. Nunca se lo hubiera imaginado. De verdad que lo había sorprendido, y en ese momento no supo exactamente cómo reaccionar.
—¡Sofía! —El asombro de Fernando no desapareció. Era la primera vez que la veía como Dios la trajo al mundo, y no podía perderse semejante panorama.
Era toda una diosa: su cuerpo estaba perfectamente esculpido, y su piel blanca era simplemente hermosa. Fernando estaba completamente embobado por su novia, sin coordinació