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En ese preciso momento, sintió también cómo algo tibio se vertió en su interior, entendiendo que Fernando también se había corrido con ella. Él la besó de nuevo, sin salir aún de su interior, quería que todo de él se quedara dentro de ella. Era una forma de marcar su territorio.

—Fue maravilloso —musitó la rubia acariciando el cabello del azabache de manera dulce—. Y tú estuviste fantástico.

Fernando besó su mano y la miró con sus ojos cristalinos.

—¿Qué ocurre? —Sofía se preocupó mientras su n
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