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Apenas llegó a la constructora, Sofía notó algo extraño. No había nadie para recibirla fuera de la oficina de su esposo. Nunca antes se había atrevido a visitar el lugar de trabajo de Fernando, nunca tuvo un motivo para hacerlo. Sin embargo, estaba segura de que en ese pequeño escritorio, justo afuera de su oficina, debería estar Eliza, lista para recibirla y avisarle a él que había llegado. Pero no había rastro de ella.
Con atención, Sofía captó unos murmullos detrás de la puerta. Frunció el c