.6.
En la mansión de Fernando, el aire era pesado. Sofía permanecía rígida mientras él la llevaba a la habitación principal, donde ahora, como marido y mujer, compartían el mismo espacio. Fernando, todavía intentando romper el hielo, la miró con una mezcla de gentileza y expectación.
—Sofía —dijo con voz suave—, sé que este matrimonio ha sido repentino para ambos, y entiendo que estés incómoda. Pero quiero que sepas que no espero nada que tú no quieras. Solo espero que podamos... comenzar algo junt