Desde que Sofía interrumpió —sin querer— la declaración de Nicolás, pasó varios días caminando de puntillas por la casa, temiendo cruzárselo.
—Mira, Ciri —se justificaba—: la primera vez que él te confesó lo que sentía, por mi culpa salió todo mal. Después de tantos años, al fin se animó otra vez… y otra vez lo descompuse yo. Debe querer estrangularme.
Cira soltó una risita.
—¿Cómo crees? Sofía, es tu hermano. No va a enojarse contigo.
Sofía, sin embargo, se puso seria.
—No sabes. Cuando le diji