La mañana comenzó con un sol pálido que apenas se colaba por las persianas. Valentina se levantó con el corazón acelerado, recordando cada segundo de la noche anterior. El beso de Mateo seguía vivo en su piel, y con él, un torbellino de emociones que no sabía cómo manejar.
Mientras se preparaba para ir a la oficina, trató de recomponerse. Nada debía delatar lo que había pasado. Sin embargo, cada vez que cerraba los ojos, veía su mirada intensa y escuchaba esas palabras que habían hecho temblar