La tensión podía cortarse con una cuchara…
Pablo dejó los dos cafés sobre el escritorio de Valentina, ignorando deliberadamente la mirada que Mateo le lanzó desde el otro lado de la oficina.
—Uno con doble azúcar, como te gusta —dijo con una sonrisa amable.
Valentina sintió el peso de dos miradas: una dulce y otra afilada.
—Gracias, Pablo —respondió, intentando sonar natural, aunque su voz tembló más de lo que quisiera admitir.
Mateo se levantó despacio, con esa calma peligrosa que en él era pr